sábado, 5 de abril de 2014

Demencia senil

El envejecimiento es uno de los procesos naturales que asustan a la gran mayoría de hombres y mujeres. Afecta a las personas no sólo por la cercanía con la muerte sino por las modificaciones fisiológicas que el efecto del tiempo conduce a la salud. Al llegar a la tercera edad el ser humano comienza a experimentar un declive en la mayor parte de las funciones corporales. Se presentan deterioros inevitables en el organismo y la apariencia externa muestra las huellas de la falta de antioxidantes.

Cada vez más frecuente encontramos casos sobre la demencia senil, un padecimiento caracterizado por síntomas como pérdida de la memoria, problemas motores y alteraciones en la forma de interactuar con los demás; todos ellos originados por daños en el sistema neuronal surgidos en promedio a partir de los 60 años.

Anteriormente la aparición de los signos propios de la demencia senil eran catalogados como una ‘fase natural’ de la ancianidad. Así, durante décadas expresiones como “se le va el avión”, “ya está viejo y no sabe lo que hace” y otras similares han sido empleadas con resignación cuando un anciano parece perder el control sobre su mente y cuerpo. Sin embargo, está demostrado que es una patología y por tanto existen métodos de diagnóstico, prevención y tratamiento que ayudan a mejorar sustancialmente la calidad de vida de quienes la padecen.

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